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RESEÑA HISTÓRICA

La Universidad Adventista Dominicana tiene su origen en el Colegio Adventista Dominicano, fundado en 1947, el cual funcionó hasta el 1976 en la Zona de Herrera, Distrito Nacional. Al ser declarados los terrenos del Colegio, por parte del Estado, como parque industrial, la Iglesia Adventista adquirió la hacienda (Bethel) del Dr. Abel González, localizada en Sonador, Piedra blanca, provincia Monseñor Nouel.

Este es su actual lugar de funcionamiento a partir del año 1976. El crecimiento y desarrollo de la UNAD ha sido posible gracias a la visión de la comunidad adventista, que sustenta que la educación y redención tienen como propósito la restauración de la imagen de Dios en el hombre. La universidad corresponde a ese esfuerzo, de ahí que intente satisfacer los requerimientos de la sociedad a la cual sirve , formando los profesionales capaces de contribuir para el desarrollo del hombre y su ambiente.

FILOSOFÍA Y PRINCIPIOS DE LA EDUCACIÓN ADVENTISTA

DECLARACIÓN DE FILOSOFÍA

La Iglesia Adventista del Séptimo Día reconoce que Dios, el Creador y Sustentador de la tierra y de todo el universo, es la fuente del conocimiento y de la  sabiduría. A su semejanza, Dios creó al hombre perfecto. Debido al pecado el hombre perdió su condición original y la educación cristiana, al promover la fe en Cristo, procura restaurar en él la misma imagen de su Hacedor, fomentar en el hombre una dedicación inteligente a la obra de Dios en la tierra y proporcionarle una preparación practica para un servicio concienzudo a sus semejantes.

Los adventistas del séptimo día creen que el conocimiento de este Dios personal nunca se puede obtener solo atreves del razonamiento humano, sino que Dios ha dado a conocer su naturaleza, propósitos y planes mediante la revelación divina. La Sagrada Escritura, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, fue dada por inspiración de Dios, y contiene la revelación de su voluntad a los hombres y constituye la única regla de fe y de conducta de la iglesia. La feligresía adventista acepta el don de la profecía, así como fue manifestado mediante revelación especial a la Iglesia Adventista del Séptimo Día en la vida y el ministerio de Elena G. White. En este respecto los adventistas del séptimo día aceptan la divina revelación como el principio guiador de su filosofía de la educación. Creen que su maestro son siervos de Dios y sus alumnos, hijos de Dios.

La iglesia posee un sistema escolar que asegura para su juventud una educación equilibrada, tanto en lo físico como en lo menta, moral, social, espiritual y vocacional, en armonía con las normas denominacionales y los ideales que tienen a Dios por fuente de todo valor moral y de toda verdad. Su pensamiento y voluntad revelados constituyen el criterio sobre lo bueno y lo malo. La iglesia se interesa en el óptimo desarrollo del niño en todo, tanto para esta vida como para la venidera.

PRINCIPIOS

El amor

Este es el principio fundamental de una educación concebida como redentora. Implica el establecimiento de relaciones interpersonales profesor/alumno que sean gratificantes y placenteras, y la creación de un clima organizacional y un ambiente escolar marcados por el aprecio, la aceptación y la confianza.

La centralidad de las sagradas escrituras

Dios y su revelación escrita, la Biblia, son el centro de la educación. Esto significa que la visión bíblica del mundo y de la realidad constituyen la base del proceso de enseñanza-aprendizaje y la pauta orientadora del trabajo docente. Significa también que cada una de las materias de estudio, las artes, las letras, las ciencias, la historia, etc., son enfocadas desde la perspectiva bíblica. Significa que el objetivo más importante es el conocer a Dios y a Cristo como Salvador personal de cada uno de los componentes de la comunidad educativa.

La semejanza a cristo

Uno de los grandes fines de la educación adventista es desarrollar la semejanza al carácter de Cristo. En consecuencia, el proceso formador otorga mayor importancia a la obtención de un carácter como el de Cristo que al tratamiento de las asignaturas, lo que hace que el ejemplo de los maestros, más que el proceso de instrucción, cobre vital importancia. De lo anterior se desprende que resulta indispensable crear un ambiente propicio para alcanzar dicho fin.

El desarrollo armonioso

Concebimos a la educación como un proceso de desarrollo armonioso y equilibrado del ser humano en sus aspectos físico, intelectual, social y espiritual. Esto significa que en el proceso educativo no corresponde privilegiar ninguno de estos aspectos en desmedro de otros, sino que todos ellos deben ser atendidos por igual.

La racionalidad

La educación adventista aspira a desarrollar los poderes de la mente y la capacidad de pensar y razonar. De ello se desprende que debe llevarse a cabo un proceso de enseñanza-aprendizaje de alta calidad, en que se estimulen la excelencia, el pensamiento reflexivo e independiente y la prosecución de metas altas, acordes con las capacidades personales.

La individualidad

En nuestro proceso formador se considera al individuo como dotado de libre albedrío, capaz de tomar sus propias decisiones y de responsabilizarse por las consecuencias que le acarrean. Por ello, se fortalece el concepto de trabajo individual, aunque se desincentiva el espíritu de competencia, privilegiándose, en cambio, el sentido de interdependencia y cooperación.

La salud

La educación adventista favorece el desarrollo de un cuerpo sano por medio del trabajo, fomenta el trabajo físico, el conocimiento del cuerpo humano, de las leyes de la salud y la prevención de las enfermedades mediante hábitos correctos de alimentación, horarios de trabajo y descanso apropiados, etc.

El servicio

La educación adventista procura adiestrar para el servicio en favor de los demás. Se concede importancia a los deberes prácticos de la vida, se estimula una actitud permanente de servicio al prójimo y se incentiva la búsqueda de oportunidades de servir.

La cooperación

Maestros y estudiantes deben cooperar mutuamente. La cooperación es el esquema básico de trabajo, superando los criterios de competición.
Cada estudiante debe recibir una educación que lo capacite para el servicio mediante el ejercicio activo de todas sus facultades. Se debe combinar el servicio con el entrenamiento.

El aprendizaje continuo

La filosofía educacional adventista considera que el proceso educativo comienza desde el nacimiento mismo y continúa, de manera permanente e indefinida, a lo largo de todo el período de vida accesible al hombre.

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MISIÓN 

La Universidad Adventista Dominicana es una institución que forma y especializa profesionales competentes e innovadores, con principios y valores cristianos, capaces de realizar un servicio de calidad para Dios, la patria y el mundo.

VISIÓN

“Ser una institución de excelencia en la formación en valores cristianos y calidad educativa”.

VALORES

Fe

Demostramos confianza plena en Dios, aunque no lo podamos ver en medio de la bonanza y las adversidades de la vida.

Excelencia

Nuestro compromiso y práctica responsable, se evidencia en el cumplimiento de las funciones con altos niveles de calidad.

Integridad

Somos coherentes con la identidad cristiana, responsables en el cumplimiento de nuestras funciones, leales a nuestra institución y a sus principios.

Servicio

Realizamos a favor de nuestro prójimo un trabajo esmerado sin esperar nada a cambio y sin hacer distinción de personas.

Dr. Feliberto Martínez Páez, Rector

La Universidad Adventista Dominicana es el nombre que identifica a una gran familia constituida por una comunidad académica dinámica y diversa, cuyos actores son invitados a mantener una interacción activa y permanente. Cada año la dimensión familiar de la UNAD es ampliada por la incorporación de personas que se suman como parte de segmentos que forman la vida institucional.

En los últimos años el mayor impacto es observado en el dinámico crecimiento de la matrícula de estudiantes en la sede de Bonao, la Extensión en Santo Domingo y el Aula en San Pedro de Macorís. A este grupo, que en el 2015 alcanzó la cifra histórica de 4,000 estudiantes en los diversos niveles educativos, se agregan los miles de egresados que salen de las aulas para cumplir con su compromiso social como profesionales competentes.

A esta familia se suman los más de 250 docentes y empleados que desempeñan su función formativa capacitando a los alumnos que ingresan a nuestras aulas a estudiar bajo el modelo educativo de la UNAD, cuya misión consiste en formar profesionales con valores cristianos, que sirvan a Dios, a la Patria y al mundo.

El círculo se complementa con los miles de amigos que se identifican con la UNAD, con su “concepto educativo diferente” y su proyecto de continuo desarrollo. No hay dudas que esta es una gran familia. Cualquier institución social que pueda contar con un equipo de soporte como el que constituye la UNAD, bajo la dirección de Dios, sería capaz de lograr las más grandiosas metas y los más sublimes ideales.

Para alcanzar tan superior propósito será necesario contar siempre con el concurso de cada componente de esta familia. Será de valor incalculable la presencia de estudiantes que acepten el reto de asimilar la formación académica y las mejores competencias profesionales. Docentes que, como buenos maestros, tengan un verdadero compromiso con la calidad y la excelencia. Egresados que representen bien a su Alma Mater, como institución formadora. Y amigos que colaboren con la Universidad para que avance de manera ininterrumpida, en su histórico viaje de progresos.

La UNAD continuará siendo siempre el hogar para todos. Sus puertas estarán abiertas para recibir a los que han escrito con su experiencia parte de su historia. Todos somos importantes. Cada sector constituye un elemento de valor en la gran cadena institucional y cada componente desempeña un papel destacado en el éxito de nuestra casa de altos estudios.

Invito, con toda humildad, a esta gran familia a renovar su apoyo y compromiso institucional, para hacer de nuestra Universidad lo que todos finalmente anhelamos.

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